Todos recordamos a un profesor que tuvimos en la infancia y nos marcó para siempre. ¿Cuál era su secreto y por qué nos dejó tanta huella? Probablemente supo comunicar bien, llegar a su audiencia, a los alumnos. Por eso aprendiste más con él que con el resto, por muy doctos que fueran los demás. Porque de nada sirve preparar muy bien una lección magistral, una presentación en el trabajo o una conversación, si después no somos buenos oradores ni conmovemos al público.

1. Sé tú mismo. Lo más básico y sin lo cual todo lo demás no servirá de nada. Eso no significa que no tengas límites ni cuentes cosas personales, sino que mantengas una naturalidad dentro de la profesionalidad.

2. Mira al público. No debería haber dos presentaciones iguales, porque el ponente no es lo único que cuenta, ya que toda comunicación es bidireccional, y debes tener en cuenta qué interesa a tu público, qué espera, qué le gusta y qué le preocupa.

3. Sé flexible. Los guiones son necesarios, así que prepara tu texto y si hace falta hasta un Power Point o equivalente, pero cuando estés delante de la audiencia, sea una persona o sean mil, prioriza lo que está sucediendo a tus expectativas, y aprende a improvisar, utilizando tu guión como brújula, no como mapa.

4. Prepara algo más que unas cuantas ideas. De nada sirve tener un gran mensaje si no llega, así que además de pensar qué vas a decir, dedica un tiempo antes a preparar la mente, el cuerpo y tus emociones, para que no te traicionen principalmente. Te ayudarán los ejercicios de respiración, y también cantar o hacer algo de estiramientos.

5. Utiliza el storytelling. Contar historias es una técnica de comunicación muy útil, porque ayuda a explicar cualquier tema de una manera que tenga impacto emocional, algo que ayuda a causar una impresión significativa en los que escuchan.

6. Alterna momentos diferentes. Utiliza, en su justa medida, alguna cita, humor, historias, datos y cifras. Todo ello te ayudará a enriquecer el discurso si sabes equilibrar el uso. Más vale que tengas una buena caja de herramientas para que en el momento de la presentación se te ocurran recursos distintos y no repitas siempre los mismos en todos tus discursos.